lunes, 5 de octubre de 2009

Cuento

Colección


A mí me gustaría poner esta información como un enlace pero como no sé cómo se hace lo hago así.

La Biblioteca de El Perelló posee, a día 5 de octubre de 2009, un Fondo Bibliográfico compuesto por 15.887 volúmenes que se integran en las siguientes categorías.




Novela en castellano para adultos:  Es sin duda alguna la sección más numerosa puesto que es también la más demandada. En ella puedes encontrar tanto a los clásicos como las novedades más recientes. 

Novela en valenciano para adultos: Poco a poco, a la gente le gusta más leer en valenciano; sobre todo a la gente mayor que es a la que más le cuesta ya que no está acostumbrada a ello. Aunque el número de volúmenes es un poco inferior al que presenta la sección de Novela en castellano, si que va aumentando. En esta sección se priman a los autores de la tierra aunque también hay traducciones. El número de préstamos en valenciano es menor que el de castellano pero va creciendo, es cuestión de fomentarla más y que no se quede en meras lecturas obligatorias para Bachiller o las pruebas de acceso al exámen de la Junta Qualificadora.

Teatro en castellano: A diferencia de lo que ocurre con la novela, se presta poco la verdad. No obstante la colección de títulos es amplía estando en ella los más representatívos.

Teatro en valenciano: También se presta poco y si se hace es por ser lectura obligatoria.

Poesía en castellano: Junto con el Teatro es la gran Cenicienta de la Biblioteca. Se presta muy poquito, a la gente sigue dándole miedo leer poesía puesto que muchos la consideran algo aburrido o un poquito cursi cuando no tiene que ser así.

Poesía en valenciano: Si la castellana está olvidada ésta aún más, salvo Ausias March y Vicent Andrés Estellés ( y porque son lecturas obligadas) el resto permanece triste en la estantería.

Biografías: Suelen tener un buen nivel de préstamo sobre todo aquellas referentes a reinas o personajes ilustres.

Ensayo:  Tiene un nivel de préstamo bueno para ser un género minoritario.

Obras de consulta: Estas no pueden ser prestadas. En esta sección se incluyen: Historia, Filosofía, Psicología, Derecho, Ciencias, Arte, Medicina, Física, Química, Religión... Es una sección que reconozco que debería estar más actualizada pero la limitación de presupuestos y el tener que ir a un determinado lugar condiciona un poco pero se intenta renovarla.

Obras de Referencia: Diccionarios, Enciclopédias, Atlas con un fuerte rival en Internet.

Sección Infantil.

Aquí los libros están divididos según la edad la cuál se señaliza mediante celos de colores.

Azul: Para los lectores de 0 a 7 años.

Rojo: Para los lectores de 8 a 9 años.

Verde: Para los lectores de 9 a 10 años.

Amarillo: Para lectores a partir de 11 años.

Aunque es bastante relativo ya que muchas veces depende del libro y de la capacidad lectora.

A parte tenemos también novelas en inglés, francés y alemán. 

Un buen surtido que está a disposición de todos los perelloneros y de quiénes quieran ser socios de la Biblio.               


 

Mickey

Mickey

Bueno, lo que pone Mickey es una prueba. Enlaza a un vídeo de Youtube con una aventura del famoso ratón. No sé por qué la nueva versión del Blog no cuelga videos sino que remite a imágenes pero no quiero pelearme.

sábado, 3 de octubre de 2009

Poetisas andalusíes: Wallada Bint al Mustak, "La Omeya" ( Córdoba, 994-1091)



Se me ha ocurrido recopilar datos e información sobre poetisas y lo primero que he hecho ( un poco por curiosidad) ha sido buscar poetisas andalusíes. La búsqueda en Google me ha llevado a varias entre las que destaca Wallada Bint al Mustak, "La Omeya", una de las mejores poetas de la Literatura Andalusí y, también, una mujer muy valiente.

Ella era hija del Califa Muhammad al Mustakfi y de la esclava cristiana Amin'am. Esto hizo que sus rasgos no fuesen los típicos de las mujeres andalusíes ya que tenía la piel blanca, los ojos azules y el cabello rubio. Mujer excepcional, según los cánones de belleza de la época, y una "valiente". No se limitó a escribir poesía, y amorosa algo que podía ser inusual entre las mujeres del momento, sino que fue una feminista: no se casó, se negó a llevar velo, iba vestida según la moda de Damasco con transparencias, estuvo enamorada de un poeta del clan rival de los Omeyas, Ibn Zayid que la traicionó yéndose con una de sus esclavas.

Wallada Bint al Mustak, era una mujer muy culta. Enseñó poesía a sus esclavas y vivía conforme a sus ideas. Puede que no nos parezca nada raro pero lo era. Hay que tener en cuenta de que ella vivía en un Reino musulmán, el Califato de Córdoba, y como ahora la religión regía mucho la vida de las personas y más de las mujeres por lo que me ha sorprendido y fascinado conocer este dato: su independencia. Ella se la ganó vendiendo sus derechos al trono del Califato y vivió segura de sí misma.

Por desgracia, no se han conservado todos sus poemas pero he podido tomar este de Internet. Es una poesía en la que se deja ver todos sus sentimientos, es una poesía que surge del corazón de una mujer enamorada que no tiene ningún miedo ni reparo a expresarse algo que no ocurría en los Reinos vecinos del Norte. Muchas mujeres cristianas ni sabían leer y mucho menos podían expresarse como quisieran, tampoco la mayoría de las andalusíes por lo que Wallada es aún más especial.

"Cuando caiga la tarde, espera mi visita,
pues veo que la noche es 
quien mejor encubre los secretos; 
siento un amor por ti, 
que si los astros lo sintiesen 
no brillaría el sol, 
ni la luna saldría y las estrellas 

no emprenderían su viaje nocturno".


lunes, 28 de septiembre de 2009

La Cenicienta de Roal Dahl


Ayer encontré una bellísima poesía que hablaba del amor surgido entre un Pirata y una Princesa en una Biblioteca ( ¿ la de El Perelló?, puede). Hoy me he metido en esta página y he encontrado esta divertida versión de La Cenicienta de Roal Dahl un escritor que me encanta y que creo que es de los que hacer una buenísima labor en pro del Fomento y del gusto por la lectura entre los más pequeños. Espero que os guste, a mí particularmente me emociona esta versión un poco más divertida.


LA CENICIENTA


"¡Si ya nos la sabemos de memoria!",

diréis. Y, sin embargo, de esta historia

tenéis una versión falsificada,

rosada, tonta, cursi, azucarada,

que alguien con la mollera un poco rancia

consideró mejor para la infancia...


El lío se organiza en el momento

en que las Hermanastras de este cuento

se marchan a Palacio y la pequeña

se queda en la bodega a partir leña.

Allí, entre los ratones llora y grita,

golpea la pared, se desgañita:


"¡Quiero salir de aquí! ¡Malditas brujas!

¡¡Os arrancaré el moño por granujas!!".

Y así hasta que por fin asoma el Hada

por el encierro en el que está su ahijada.

"¿Qué puedo hacer por ti, Ceny querida?

¿Por qué gritas así? ¿Tan mala vida

te dan esas lechuzas?". "¡Frita estoy

porque ellas van al baile y yo no voy!".

La chica patalea furibunda:


"¡Pues yo también iré a esa fiesta inmunda!

¡Quiero un traje de noche, un paje, un coche,

zapatos de charol, sortija, broche,

pendientes de coral, pantys de seda

y aromas de París para que pueda

enamorar al Príncipe en seguida

con mi belleza fina y distinguida!".


Y dicho y hecho, al punto Cenicienta,

en menos tiempo del que aquí se cuenta,

se personó en Palacio, en plena disco,

dejando a sus rivales hechas cisco.


Con Ceny bailó el Príncipe rocks miles

tomándola en sus brazos varoniles

y ella se le abrazó con tal vigor

que allí perdió su Alteza su valor,

y mientras la miró no fue posible

que le dijera cosa inteligible.


Al dar las doce Ceny pensó: "Nena,

como no corras la hemos hecho buena",

y el Príncipe gritó: "¡No me abandones!",

mientras se le agarraba a los riñones,

y ella tirando y él hecho un pelmazo

hasta que el traje se hizo mil pedazos.


La pobre se escapó medio en camisa,

pero perdió un zapato con la prisa.

el Príncipe, embobado, lo tomó

y ante la Corte entera declaró:


"¡La dueña del pie que entre en el zapato

será mi dulce esposa, o yo me mato!".

Después, como era un poco despistado,

dejó en una bandeja el chanclo amado.

Una Hermanastra dijo: "¡Ésta es la mía!",

y, en vista de que nadie la veía,

pescó el zapato, lo tiró al retrete

y lo escamoteó en un periquete.

En su lugar, disimuladamente,

dejó su zapatilla maloliente.


En cuanto salió el Sol, salió su Alteza

por la ciudad con toda ligereza

en busca de la dueña de la prenda.

De casa en casa fue, de tienda en tienda,

e hicieron cola muchas damiselas

sin resultado. Aquella vil chinela,

incómoda, pestífera y chotuna,

no le sentaba bien a dama alguna.


Así hasta que fue el turno de la casa

de Cenicienta... "¡Pasa, Alteza, pasa!",

dijeron las perversas Hermanastras

y, tras guiñar un ojo a la Madrastra,

se puso la de más cara de cerdo

su propia zapatilla en el pie izquierdo.


El Príncipe dio un grito, horrorizado,

pero ella gritó más: "¡Ha entrado! ¡Ha entrado!

¡Seré tu dulce esposa!". "¡Un cuerno frito!".

"¡Has dado tu palabra. Principito,

precioso mío!". "¿Sí? -rugió su Alteza.

--¡Ordeno que le corten la cabeza!".

Se la cortaron de un único tajo

y el Príncipe se dijo: "Buen trabajo.

Así no está tan fea". De inmediato

gritó la otra Hermanastra: "¡Mi zapato!

¡Dejad que me lo pruebe!". "¡Prueba esto!",

bramó su Alteza Real con muy mal gesto

y, echando mano de su real espada,

la descocó de una estocada;

cayó la cabezota en la moqueta,

dio un par de botes y se quedó

quieta...


En la cocina Cenicienta estaba

quitándoles las vainas a unas habas

cuando escuchó los botes, -pam, pam, pam-

del coco de su hermana en el zaguán,

así que se asomó desde la puerta

y preguntó: "¿Tan pronto y ya despierta?".

El Príncipe dio un salto: "¡Otro melón!",

y a Ceny le dio un vuelco el corazón.

"¡Caray! -pensó-. ¡Qué bárbara es su alteza!

con ese yo me juego la cabeza...

¡Pero si está completamente loco!".

Y cuando gritó el Príncipe: "¡Ese coco!

¡Cortádselo ahora mismo!", en la cocina

brilló la vara del Hada Madrina.


"¡Pídeme lo que quieras, Cenicienta,

que tus deseos corren de mi cuenta!".

"¡Hada Madrina, -suplicó la ahijada-,

no quiero ya ni príncipes ni nada

que pueda parecérseles! Ya he sido

Princesa por un día. Ahora te pido

quizá algo más difícil e infrecuente:

un compañero honrado y buena gente.

¿Podrás encontrar uno para mí,

Madrina amada? Yo lo quiero así...".

Y en menos tiempo del que aquí se cuenta

se descubrió de pronto Cenicienta

a salvo de su Príncipe y casada

con un señor que hacía mermelada.

Y, como fueron ambos muy felices,

nos dieron con el tarro en las narices.

Roal Dahl

en "Cuentos en verso para niños perversos"

Ed. Alfaguara

domingo, 27 de septiembre de 2009

Amor en la Biblioteca


Para que luego digan que las Bibliotecas no son románticas: Cada vez que la releo, me gusta más.

AMOR EN LA BIBLIOTECA

Cuentan que cuentan que había

una vez una princesa

que vivía en un estante

de una vieja biblioteca.
Su casa era un cuento de hadas,

que casi nadie leía,

que estaba entre un diccionario

y un libro de poesías.

Solamente algunos chicos

acariciaban sus páginas

y visitaban a veces

su palacio de palabras.

Desde la torre más alta,

suspiraba la princesa.

Lágrimas de tinta negra
deletreaban su tristeza.

Es que ella estaba aburrida

de vivir la misma historia

que de tanto repetir

se sabía de memoria:
la bruja que la hechizaba

por envidiar su belleza

y el príncipe rescatándola

y casándose con ella.

Cuentan que cuentan que un día

justo en el último estante

alguien encontró otro libro

que no había visto antes.
Al abrir con suavidad
sus hojas amarillentas

salió un capitán pirata

que estaba en esa novela.

Asomada entre las páginasla princesa lo miraba.

Él dibujó una sonrisa

sólo para saludarla.

Y tarareó la canción

que el mar le canta a la luna
y le regaló un collar

hecho de algas y espuma.

Sentado sobre un renglón.

el pirata, cada noche,

la esperaba en una esquina

del capítulo catorce.

Ella subía en silencio

una escalera de sílabas

para encontrar al pirata

en la última repisa.

Y se quedaban muy juntos

hasta que salía el sol,oyendo el murmullo tibio

del mar, en un caracol.

Cuentan que cuentan que en mayo

los dos se fueron un día

y dejaron en sus libros

varias páginas vacías.

Muchos otros personajes

ofendidos protestaban:

–Las princesas de los cuentos

no se van con los piratas.

Pero ellos ya estaban lejos,

muy lejos, en alta mar

y escribían otra historia

conjugando el verbo amar.

El pirata y la princesa

aferrada al brazo de él

navegan por siete mares

en un barco de papel.


La he tomado de aquí: 
http://www.7calderosmagicos.com.ar/Druida/Poesias/poesias.htm



Autora: Liliana Cinetto
Publicado con su autorización.
De “Veinte poesías de amor y
un cuento desesperado”
Editorial. Atlántida










Cuando los duendes tienen miedo


Gracias a Literatura Infantil, he encontrado esta página mexicana con recursos didácticos para los niños. De ella he tomado este cuento que me ha parecido divertido.

CUANDO LOS DUENDES TIENEN MIEDO.
Edith Mabel Russo

Cuando los duendes tienen miedo puede ser por varios motivos.
Porque los hombres descubrieron su aldea.
Porque las brujas los molestan con sus chirridos y no los dejan dormir.
Porque alguna lluvia inundó sus calles y no hay botes para todos.
Porque los chicos dejaron de creer en ellos.

Pero en este caso, a los duendes de la aldea, no les pasaba nada de eso. Tenían miedo porque cerca, muy cerca, en una caverna que había estado desocupada por miles de años, se había instalado un terrible dragón. Negro, enorme, cubierto de escamas. Con poderosas garras y con una boca grande repleta de afilados dientes, de la que salían largas llamaradas.
Los duendes tenían miedo, como quien dice, estaban muertos de miedo. Pero lejos de quedarse sentados a temblar, decidieron mudar su aldea a una cueva subterránea (donde igual seguían temblando).

Organizaron su vida de tal manera que casi no tenían que salir. Sólo cada tanto, uno de ellos, elegido mediante un sorteo, iba al bosque a buscar semillas para luego plantarlas y tener suficiente comida por varios meses. Los que se quedaban, le advertían con los ojos afuera de sus órbitas:

—¡Cuidado! Si el dragón te descubre, te golpeará con su cola como si fuera un látigo.

—Si logra acercarse, te quemará con el fuego de su enorme bocota.

—¡Y sus dientes! Si te atrapa te cortará en rebanadas en sólo un segundo.

El pobre duende, elegido por sorteo, salía temblando de tal manera, que durante las primeras horas de su recorrido iba perdiendo todas las semillas que recogía.
Pero la verdad, la verdad, es que el dragón nunca les había hecho nada.

Simplemente, lo que ocurría era que, cada noche de luna llena, se acercaba a la aldea apoyando sus pesadas patas sobre el pasto (el ruido de su paso era estremecedor), respirando profundamente (el viento que salía de su boca agitaba las ramas de los árboles como una tormenta) y mostrando sus dientes y sus escamas que brillaban bajo la luz de la luna (el encandilamiento dejaba ciegos por un rato a todos los duendes).

Cuando eso ocurría, los duendes corrían despavoridos y, generalmente, gracias a sus poderes, desaparecían hasta volver a aparecer todos desparramados por cualquier lado.
Después de varios días, se reencontraban nuevamente en la aldea, y se escuchaba:

—¡Que suerte que no nos golpeó!

—¡Qué suerte que no nos cortó!

—¡Qué suerte que no nos quemó!

Después los días seguían iguales. Con un miedo terrible y con un temblor general que aumentaba a medida que se acercaba la próxima luna llena.

Ese día, el duende Namburetoxamin (elegido en el sorteo) caminaba temblando y recogiendo semillas. Guardaba una y levantaba la vista para ver si aparecía el dragón. Así una, dos, cien veces, hasta que de pronto, un ruido ensordecedor lo sorprendió. Una gran sombra lo cubrió totalmente. Parecía que la tarde se había convertido en noche.

De pronto… silencio.

Namburetoxamin inmóvil, sólo podía mover sus ojos y con ellos vio como una cosa parecida a una cabeza se le acercaba…

—¡Oia! ¡Un duende! —dijo la cabeza (bueno, la boca que estaba en la cabeza).

—¡Oia! ¡Un nene! —dijo el duende— ¡Uf! ¡Qué alivio!

Y como los nenes y los duendes son amigos, minutos después estaban charlando como si se conocieran de toda la vida.

Lo primero que el duende le contó fue lo que sufría su aldea con la amenaza permanente del dragón negro, enorme, cubierto de escamas. Con poderosas garras y una boca grande repleta de afilados dientes, de la que salían largas llamaradas.

Entonces, el nene le dijo:

—Mirá Namburetaxin, digo Namtoxamin, eh… Nambuto…, bueno escuchá: lo que tienen que hacer es juntar corchos para tirarles a las garras y a los dientes y volverlos inofensivos. También desviar un río hacia la aldea, contenerlo con una represa y cuando el dragón se acerque, tendrán, suficiente agua para apagar sus llamaradas. Después, armar un pantano profundo que rodee completamente la aldea para que el dragón se caiga y además, guardar viento en bolsas por si falla lo del agua.

El duende lamentó no tener dónde anotar el plan de batalla pero, luego de agradecer al nene por las ideas, se marchó hacia su aldea repitiendo: “corchos, río, agua, viento, pantano, corchos, río, agua, viento, pantano…”.

Cuando llegó, sin ninguna semilla pero con tantas ideas, los otros duendes lo rodearon completamente para escucharlo. Entusiasmados se repartieron las tareas, las que les llevarían unos cuantos días. Pero el entusiasmo de vencer al dragón negro, enorme, cubierto de escamas, con garras…, eh…esteee…., al dragón malo, los hizo trabajar sin detenerse.
Exactamente una noche antes de la luna llena, todo estaba listo: río desviado, montañas de corchos, bolsas llenas de viento y pantano.

Sólo era cuestión de esperar.

Las horas del día siguiente parecía que pasaban con más lentitud.

Pero el momento llegó.

El cielo comenzó a oscurecerse y la luna redonda se fue asomando detrás de los árboles.
Silencio, intriga, miedo, temblor…

El dragón… ¿aparecería?

Claro que sí. Tapando con su cuerpo enorme a la luna, se acercaba pisando pesadamente y resoplando sin cesar.

Ya estaba cerca, demasiado cerca.

Namburetoxamin estaba listo para dar la orden de ataque. Miró por última vez a los otros duendes que estaban agazapados cada uno en su puesto y levantando su brazo derecho dijo:
—¡Preparados… listos…!

Pero antes de que dijera “¡ya!”, se escuchó la voz gruesa del dragón que decía:

—Perdón… ¿alguien de ustedes sabe leer?

—A-alguien de us-ustedes sabe ¿qué cosa? —dijo Namburetoxamin a punto de desmayarse y todavía con el brazo en alto.

—Leer. Pregunto si alguno de ustedes sabe leer. Es que en mi caverna tengo una pila así de libros de cuentos, pero no sé leerlos, ¿alguien me los puede leer?

—¡Yo no!

—¡Yo tampoco!

—¡Yo no fui a la escuela!

—¡Yo sólo sé las vocales!

—¡A mí no me miren!

Esas y muchas respuestas más se escucharon durante un largo rato.

Entonces el dragón, bajó la cabeza, dio media vuelta y empezó a marcharse.

—¡Esperá! —le gritó Namburetoxamin, tratando de bajar el brazo—. Creo que acá hay una confusión. Voy a hacerte unas preguntas: ¿Nos vas a golpear?

—¡No!

—¿Nos vas a cortar en rebanadas?

—¡Nooo!

—¿Nos vas a quemar?

—¡Claro que no! Ya me aburrí de hacer esas tontas cosas. Ahora quiero tener una vida tranquila. ¡Ya tengo 223 años! ¡Es hora de descansar!

—¿Ah, sí? —dijo el duende encargado de las bolsas llenas de viento—. ¿Y por qué nos asustabas cada noche de luna llena? ¿Eh?

—Ustedes se asustaban. Yo sólo salgo las noches de luna llena porque veo mejor dónde piso, no sea cosa que pise alguna flor…

—¡Aaaahhhh! —hicieron todos los duendes mirándose entre sí.

Y así termina este cuento de los duendes con miedo y el dragón negro, enorme, cubierto de escamas, con poderosas garras y…, bueno, el dragón que no sabía leer.

Ahora, cada día en la aldea se hace un sorteo, pero para saber a quién le toca ir a la caverna a leerle un nuevo cuento al dragón, que siempre los espera con leche y masitas.

Eso sí, lo único que les pidió el dragón a los duendes es que nunca le digan a ningún nene que él no pisa a nadie, no golpea con la cola, no corta en rebanadas, ni larga llamaradas de su boca.

Es que en los cuentos mágicos, los dragones siempre, pero siempre, tienen que asustar.



Texto tomado de la Biblioteca Imaginaria con fines educativos

A este dragón que dibujó María le gusta que le cuenten cuentos antes de ir a dormir.