viernes, 13 de noviembre de 2009

Entrevista a Fátima Fernández

Fátima es otra de mis amigas de Facebook. Es una escritora infantil como la copa de un pino, una persona que ama los libros, la lectura y la escritura tal como puede apreciarse en cada una de sus palabras recogidas por el blog "Diario de un Druida"

 

  Hablando de libros con Fátima Fernández Méndez


Fátima Fernández Méndez, Puerto de Vega, 1972. Licenciada en Bellas Artes en la Universidad de Castilla La Mancha, es docente de secundaria y articulista habitual en el periódico La Nueva España. Ha recibido numerosos premios y menciones de honor en concursos literarios nacionales e internacionales, asimismo su nombre está incluido en antologías tanto en Europa como en América.

Sus cuentos han sido traducidos al inglés, italiano, francés, alemán, portugués, gallego, valenciano, euskera y asturiano.

Autora de: Kepín vuela por primera vez (Sieteleguas), Mapi la alegre locomotora de vapor (Sieteleguas), Nora la niña de Sal (Pintar-Pintar), Nela (Edimáter), Germán el pequeño submarino (Edimáter), Floro, el globo aerostático (Edimáter).

--------------------------------------------------------------------------


Pregunta.- En busca del tesoro del rey Abú está destinado a niños y niñas a partir de 8 años, una edad donde los sueños son infinitos y la vida interminable.
Respuesta.- Sí, aunque también es una edad en la que las ilusiones se pueden helar y desvanecerse. Cuando esto ocurre se extingue el infinito y se evaporan los sueños poco a poco, y casi sin que nos lleguemos a dar cuenta podemos crecer dejando de soñar.


P.- En parte esta novela es un sueño. Pero, y a pesar de ello, Miquel cree que cada día es una ocasión para descubrir nuevas emociones.
R.- Miquel es un niño, y como tal tiene la frescura y la capacidad de entusiasmarse cada día. El por qué llega un día, una edad…, en la que dejamos de sorprendernos con facilidad y en el que dejamos de soñar es un misterio que Miquel tendrá que descubrir para salvar el mundo de los sueños.


P.- ¿Cuántos niños y niñas aman los sueños tanto como los ama Miquel?
R.-Desearía que fueran muchos… Soñar ayuda a superar las dificultades, a gozar de la vida y nos hace más felices. Un niño que sueña, que fantasea, es sin duda un niño feliz.


P.- Y ya que hablamos de sueños, ¿por qué los hombres- las personas no niños- dejaron de darles importancia?
R.- La mayoría de los adultos son incapaces de ver lo “extraordinario” en lo cotidiano. Soñamos todos los días, nos acostumbramos a ello… sin embargo, cada sueño es algo tan mágico como pudiera serlo si pudiéramos sumergirnos en la historia de un libro. Nos permite vivir en otro tiempo, en otro espacio, conocer nuevas personas. Es algo extraordinario, ¿no crees?



P.- Me recuerdo jugando con recortes de revistas, o de periódicos, con cajas de cartón (¡cuántos castillos hicimos con ellas!), pero ahora veo a los niños más con máquinas de juegos digitales. ¿Desaparecerá el reino del rey Abú?
R.- En realidad, es responsabilidad de cada uno de nosotros que no desaparezca. En cada hogar hay un reino que debemos salvar, es una importante misión en la que todos debiéramos implicarnos. Sin sueños ni fantasía es muy complicado encontrar la felicidad.


P.- Y, si eso ocurriera, que temo así sea, tan verdad como que desaparecerá el Ártico, ¿cambiará la vida de los hombres hasta el punto de no hallar la felicidad?
R.- Yo no concibo vivir sin soñar, ni tan si quiera concibo la vida sin compartir los sueños. Prefiero ser optimista y pensar que mientras haya niños, niñas y si acaso artistas –que no son pocos- el reino del rey Abú no desaparecerá.


P.- La Osa Menor de Edimáter es una colección de narrativa de temas diversos, pero todas ellas de forma implícita guardan un tema en común: los valores humanos. ¿Cuáles has querido resaltar en esta novela?

R.- A través de esta novela he querido crear un clima de magia y fantasía, así como en su lectura transmitir mensajes basados en valores tales como la amabilidad, valor a la naturaleza, bondad, gratitud y amistad. Espero haberlo conseguido.


P.- Las ilustraciones de Marina Seoane, a quien en algún momento tendré que entrevistar, ¿cumplimentan el texto hasta el punto de que la novela sería otra sin ellas?
R.- Sí, desde el punto de vista en el que escritor/a e ilustrado/a forman un equipo que deben complementarse. Y al igual que ocurre en cualquier equipo, el resultado final es muy distinto y varía si son unos miembros y no otros. Es más, tengo una anécdota muy curiosa relacionada con la pregunta que me haces. No recuerdo muy bien la edad que yo tendría, quizá unos 9 años. Uno de los libros que leí en esa época me cautivó espacialmente. Sus ilustraciones –que no eran muchas y estaban hechas a plumilla- me hicieron disfrutar de la lectura de tal forma que durante todos estos años he guardado en mi memoria esas sensaciones como quien guarda algo muy especial. No hace mucho, un par de veranos, recogí ese libro de la casa de mis padres, se titulaba “La hija del espantapájaros” y estaba ilustrado casualmente por Marina Seoane, a quien ya conocía y con quien ya sabía que iba que iba a compartir varios proyectos. Fue una agradable coincidencia que me hace valorar aún más si cabe el trabajo de un ilustrador/a independientemente de si hay muchas o pocas ilustraciones en un libro o de si son en color o no.



P.- Como Miquel, ¿Fátima siempre quiso ser escritora?
R.-No. He de reconocer que jamás me lo había planteado hasta hace unos tres años. Mi sueño era ser pintora y curiosamente quería ilustrar “cuentos infantiles”, escribía textos con el fin de tener algo propio que ilustrar. Hace unos años, no sé aún muy bien por qué, envié a un concurso uno de esos textos que había escrito en la época en la que estudiaba en la facultad, y escribí un texto nuevo para otro concurso. Resultó que fui finalista en los dos concursos, uno de ellos con muchos participantes (más de 8000). Esto fue determinante para que mi concepto de escribir cambiara y para adentrarme en el mundo de la literatura de una forma activa.


P.- Háblame de tu proceso creativo, en especial, de un libro de estas características, dirigido al público infantil.
R.- Creo que el proceso creativo que sigo es bastante común. Lo que acostumbro a hacer antes de empezar a escribir una novela es recoger en un folio ideas sueltas en base a qué me apetece contar, luego cada una de estas ideas la ramifico a su vez en otras ideas: cómo podría contar esa historia, posibles personajes, capítulos, situaciones, escenarios… un esquema por encima. Finalmente elijo la idea que creo que puede ser más atractiva y me va a dar más juego –con la que disfrutaré más-.
Una vez elegida la idea que voy a desarrollar, ya estructuro los capítulos, busco posibles títulos para estos (me ayuda mucho a resumir en qué va a centrarse), argumento, personajes, escenarios… etc y cuando considero que todo encaja empiezo a escribir siguiendo el esquema previsto. Esto no quiere decir que una vez manos a la obra no cambie alguna cosa o incorpore situaciones con las que no había contado, aunque he de decir que trato de seguir el esquema previsto.


P.- ¿Usas mucho la papelera? Quiero decir, sigues el ejemplo de Blanca Andreu, quien en una anterior entrevista nos decía que hay que pensárselo mucho para poner en el papel algo que merezca la pena ser leído.
R.- No me considero una persona impulsiva escribiendo. Suelo meditar y plantearme qué voy a escribir, barajar muchas veces varias opciones, incluso escribirlas en diferentes colores para al día siguiente leerlas y decantarme por una de ellas. Evidentemente en los textos hay que meter tijera una y otra vez… hasta el punto que puede llegar a convertirse en una obsesión.


P.- Tengo entendido que pronto tendrás otra novela en las librerías.
R.- En enero se publicarán varios álbumes ilustrados, también con la editorial Edimáter, y estoy acabando de escribir una novela juvenil, pero que como es lógico aún no la he enviado a ninguna editorial…


P.- Pero no sólo de libros vive la mujer, que también te podemos encontrar en muchos sitios de la red. ¿Puedes decirnos cuales son y cuánto tiempo dedicas a ellos?
R.- En realidad se me puede encontrar en mi website “muchacha de sal” y en facebook. No te sabría decir el tiempo que le dedico a mi espacio, suelo preparar un par de entradas a la semana, a veces alguna más dependiendo del tiempo que disponga -que no suele ser mucho-. Y en facebook lo voy consultando a lo largo del día, intento que no me quite demasiado tiempo, aunque hay otros días que no me importa detenerme más a leer las noticias que la gente va colgando. Las hay realmente curiosas.


P.- ¿Escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión?
R.- Parte y parte, es algo con lo que disfruto enormemente, pero también me exijo mejorar y perfeccionar la técnica, por lo que a veces llego a sentir una opresión. De todas formas, cuando esto sucede me tomo un descanso; quiero disfrutar cuando escribo.


P.- Tú has escrito cuentos y novelas. Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Cómo lo ves?
R.- Personalmente disfruto más escribiendo cuentos. Uno de los motivos es que cuando escribo una novela a menudo he de tenerla parada durante una temporada por falta de tiempo. Me agota el reengancharme de nuevo a ella para detenerme otra vez…, por eso me gusta empezar a escribir las novelas en épocas en las que tengo vacaciones y sé a ciencia cierta que podré dedicarme durante muchos días seguidos a ellas, sin tener que mirar el reloj para irme a la cama. Es lo que tiene el no ser una escritora a tiempo completo.


P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve la licenciada en Bellas Artes?
R.- Veo un futuro esperanzador, con autores novedosos y creativos. Formatos nuevos y sobre todo muchas bibliotecas llenas de lectores de todas las edades.


Ha sido un placer. Ojalá nunca se pierda el mundo de fantasía, el reino del rey Abú.
El placer ha sido mío. Ojalá, porque sin ese mundo los libros dejarían de tener sentido y sería una verdadera tragedia.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Berlín 1961-1989


Aunque he estado buscando, no he encontrado muchos poemas que hablasen sobre Berlín o estuviesen dedicados a ella. Quizá sea porque no es una ciudad como París, que atraiga a los poetas pero es igual de mágica y especial.

Hoy el mundo mira a Berlín y a otros muros que deben caer. 1989 marcó un antes y un después, no sólo fue un muro derribado sino que ese día cayeron con él muchas cosas especialmente la represión y la falta de libertad en una buena parte de Europa.


Tras Berlín vendrían: Rumanía, Hungría, Polonia, Chequia, Bulgaria, Eslovaquia, Yugoslavia y China puesto que, también en 1989 tuvo lugar la revuelta de Tiananmén. 



POEMA BERLÍN: Enero 1929 de Marta Pessarrodona

Vita interrumpió
sus versiones de Rilke.
El teléfono era Moabit 37-94,
y Friedrichistrasse la estación de llegada.

En la Funkturm, una tarde,
en escapada breve y solitaria,
Vita le dio a entender
la duración escasa de las pasiones humanas.

La conversación, bastante animada,
el pulso anímico de subido voltaje,
consiguieron silenciar
la letal marea humana.
(Las bombas futuras
no enturbiaron en absoluto la tarde.)

24 Brücken Allee, una dirección,
hoy compañera de los fantasmas
de antiguas embajadas:
la ciudad no había sido bombardeada.

Virginia regresó a Londres
al cabo de una semana, enferma.
Vita empezó a creer que
Leidenschaft era una palabra
de formación muy extraña.

De hecho, ninguna de las dos
presintió
la retórica del desastre.



 

miércoles, 4 de noviembre de 2009

De parte de Teresa y de la Biblioteca de Cocnetaina

La Cenicienta Que No Queria Comer Perdices                                                                                                                                                


Gracias a Teresa y a la Biblioteca de Cocnetaina, se puede leer enterito y es la mar de divertido.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Una de las novedades más divertidas: " Maldito Karma" de David Safier


Hace pocos días, Jose Antonio puso un post en el que hablaba de esta novela que acaba de publicar Seix Barral. Le pregunté qué tal estaba y me dijo que no estaba mal, que era bastante divertida; guiandome por mi instinto ( y tomando como referencia el consejo de Jose Antonio) lo compré este sábado.

He empezado a leerlo y lo que llevo me está encantando. Es una historia la mar de divertida. ¿ De qué va? Pues nos narra la historia de Kim Lange una presentadora de televisión que vive sus mejores momentos pero todo se trunca cuando muere aplastada por un lavabo en una estación rusa. Una vez llega al cielo, se entera de que ha acumulado un mal karma y debe regresar a la tierra, una tierra que no será la que ella conoce sino un agujero oscuro, Kim descubre que le han salido 2 antenas y seis patas; descubre que se ha convertido en una " Trancas" y una " Barrancas" o lo que es lo mismo: en una hormiga ¡¡¡¡

Será su karma, pero Kim no está dispuesta a pasarse toda su otra vida arrastrando migas de pan y viendo como su marido se consuela con otra. Para lograrlo sólo tendrá que acumular buen karma y volver a ser humana, ¿ lo logrará? Para saberlo debereis leeros el libro.

Esta novela de David Safier ha sido un gran éxito en Alemania y en Francia. Son 315 páginas que se leen con ganas y que logran dibujar una sonrisa en tu rostro, algo que no está de más últimamente.








 

sábado, 31 de octubre de 2009

El Monte de las Ánimas de Gustavo Adolfo Becquer


No sólo Poe escribió relatos de terror, dentro de la Literatura en lengua castellana destaca Gustavo Adolfo Becquer y sus Leyendas de las cuáles pongo una de las más famosas: El Monte de las Ánimas.


Relato que, personalmente, me agrada y me da miedo al mismo tiempo.


Una hermosa leyenda para celebrar esta noche de Halloween, esta víspera de Todos los Santos.





El Monte de las Ánimas

     La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.
     Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.
     Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche.
     Sea de ello lo que quiera, ahí va, como el caballo de copas.
I
     -Atad los perros; haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores, y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Ánimas.
     -¡Tan pronto!
     -A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras; pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.
     -¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?
     -No, hermosa prima; tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.
     Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos; los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían la comitiva a bastante distancia.
     Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:
     -Ese monte que hoy llaman de las Ánimas, pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla; que así hubieran solos sabido defenderla como solos la conquistaron.
     Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres; los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos.
     Cundió la voz del reto, y nada fue parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras; antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería, fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres, los lobos a quienes se quiso exterminar tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse.
     Desde entonces dicen que cuando llega la noche de difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos, y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria le llamamos el Monte de las Ánimas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.
     La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporárseles los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.
II
     Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón.
     Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso: Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.
     Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.
     Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono y triste.
     -Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.
     Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia; todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.
     -Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido -se apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que vinistes a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atencion. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?
     -No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de un deudo... que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.
     El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al joven, que después de serenarse dijo con tristeza:
     -Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?
     Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.
     Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las campanas.
     Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este modo:
     -Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? -dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico.
     -¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro... Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió:
     -¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma?
     -Sí.
     -Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.
     -¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.
     -No sé.... en el monte acaso.
     -¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el sitial-; en el Monte de las Ánimas!
     Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda:
     -Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla, me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir el peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche.... esta noche. ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡las ánimas!, cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde.
     Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil colores:
     -¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos!
     Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver el fuego:
     -Adiós Beatriz, adiós... Hasta pronto.
     -¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido.
     A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.
     Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón
y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.
III
     Había pasado una hora, dos, tres; la media roche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho.
     -¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen.
     Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.
     Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas; tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.
     -Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente.
     Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad.
     Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio.
     Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables.
     -¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos?
     Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.
     El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos.
     Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso.
     Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogánito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!
IV
     Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras, asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de Alonso.

viernes, 30 de octubre de 2009

lunes, 26 de octubre de 2009

12 razones, 12 causas por las que son necesarias las Bibliotecas


Casi por casualidad, me he encontrado con el Blog de la Biblioteca de Adamuz ( enlace a través de la Biblioteca Polanco). Me ha llamado la atención y me han gustado estas 12 causas, motivos y por qués de lo necesarias que somos las Bibliotecas para la sociedad. Razones que voy a imprimir y colgar en la puerta.


12 MOTIVOS POR LOS QUE SON NECESARIAS LAS BIBLIOTECAS PARA UN PAÍS

1. Las bibliotecas mantiene informado al ciudadano
2. Las bibliotecas rebasan barreras y fronteras
3. Las bibliotecas contribuyen a la igualdad de oportunidades
4. Las bibliotecas fomentan el pensamiento individual, sin prejuicios
5. Las bibliotecas estimulan la creatividad
6. Las bibliotecas ayudan a abrir todo un mundo nuevo a los niños
7. Las bibliotecas son muy "rentables": gracias a los fondos invertidos en ellas, mucha gente ha conseguido alcanzar sus sueños
8. Las bibliotecas son la base para la creación de comunidades
9. Las bibliotecas ayudan a las familias con sus servicios y actividades
10. Las bibliotecas albergan materiales que pueden "ofender a cualquiera" y son, por tanto, lugares de tolerancia.
11. Las bibliotecas son también un espacio sagrado, un "santuario"

12. Las bibliotecas custodian el pasado, lo preservan

American Libraries 26 (December 1995): 1113-19), corregido y ampliado en 2000, está disponible en:http://www.ala.org/ala/alonline/resources/selectedarticles/12wayslibraries.cfm